Fantasía Errónea - 02
— Es un gusto, señor héroe… —aquella hermosa mujer sujetaba un taza, una porcelana con un diseño único, parecía muy brillante para mi gusto. Ella por su parte, llevaba un vestido largo, un color crema, tenia muchos pliegues, unos finos guantes acompañaban sus manos y en la derecha llevaba una argolla, aunque se veía un poco simple.— Debiste haber pasado por mucho, ¿verdad?
— ¿Donde… Estoy? —eso fue lo primero que se me ocurrió preguntar.
— Estas confundido, te entiendo, pero si te acercas te explicare con calma.
Asentí con la mirada y me acerque cuidadosamente.
El lugar era enorme, tanto a mi derecha como a mi izquierda había… Nada… No en un mal sentido, era un «nada» cósmico, cientos de miles de estrellas brillando sin parar, de igual manera arriba de mi, el suelo no era la excepción, era como flotar en el aire, no volaba ni nada por estilo, pero si podía caminar sobre… Técnicamente la nada.
Cuando me acerque lo suficiente ella hizo una mueca invitándome a sentarme. Tomé asiento y ella sonrió.
— ¡LLEVAS MUERTO MAS DE UN MES! —Sin rodeos había tomado mis manos y me veía fijamente.
— ¿¡Heh!? —traté de que ella soltara mis manos pero me resultó imposible.
— Suena loco no es así… —decidió soltarme y me vio muy sería— En tu mundo… Estas en un mal estado.
— ¿Mi mundo? —pregunte— Que quieres decir con ello, ¿que ahora mismo estoy trascendiendo al cielo?
— Vamos por partes… —tomo un sorbo de su taza— Durante un mes has estado en otro mundo.
— Eso creo que ya lo sabia… —alegué— ¿y por que llegué a ese lugar?
Ella sonrió;
— ¿Que es lo ultimo que recuerdas antes de llegar acá?
— ¿Fui arrojado a un desfiladero?
— No… El ultimo recuerdo de tu mundo…
— ¿El ultimo… Recuerdo? N-No lo se… Todo me resulta confuso, ¿entones que me sucedió?
— Fue mi culpa… —lo había olvidado, en la mesa junto a nosotros había otro tipo, no lo distinguir bien, tenia el rostro tapado, además pasaba muy desapercibido.
— ¿Que quieres decir con eso? —pregunté.
— Fuuu… —suspiro la diosa— Antes de llegar acá, hiciste algo bueno… Quisiste salvar una vida.
— ¿Una… Vida? —antes de despertar en aquella cárcel, yo había intentado salvar a una chica, lo había olvidado, pero cuando recordé él chico junto a nosotros parecía reír— ¿¡Esa chica, esta bien!? —pregunté con un tono de voz alto.
— Ella… La verdad… Ella… —la diosa titubeaba, como si no supiera que decir.
— Ella no existió, —hablo el tipo encapuchado— no salvaste a nadie. Pero al parecer según esta diosa, la intención es la que cuenta.
Ella no dijo nada.
— ¿A que te refieres con que nunca existió? —me levante de la mesa y me acerque a aquél sujeto.
— Ella solo fue un producto de tu imaginación. —respondió él
— ¡Claro que no! —Alcé la voz— ¡Claramente choque con ella, claramente hable con ella! No se por que estoy acá con ustedes, ninguno me ha dado una buena explicación. —golpeé la mesa, el tipo levanto la cabeza y me vio directo a los ojos. Cuando lo hizo sentí como si mi corazón se detuviera, ese tipo era…
°°°
Ese tipo era idéntico a mi. Era como verme en un espejo. Eso era mas de lo que yo podía procesar.
— ¿te resulto familiar? —pregunto.
— ¿Eres como yo… Pero yo soy yo? —lleve mi mano derecha hacia mi cabeza la cuál comenzaba a doler.
— Lo siento… —interrumpió la diosa— La verdad, tu no debiste haber muerto.
— ¿Que diablos era esa chica? —di un paso hacia atrás.
— Yo te lo explicare… —Respondio el tipo.
La dios asintió— Por ahora, los dejare solos unos minutos, solo, no te alteres. —ella sonrió y luego desapareció dejando una estela de luz blanca consigo.
— Cada mundo tienes sus reglas, —comenzó a hablar el tipo ese— si esas reglas se rompen habrán consecuencias, claramente en «tu mundo» es dificil siquiera acercarse a romper una regla por mínima que sea.
— ¿Que tratas de decir? —me senté a una distancia prudente de él.
— Primer que nada, «mi mundo» tiene magia, cosa que en el tuyo no es posible, de donde vengó la magia domina cada rincón. Sin embargo, «tu mundo» de donde tu vienés, ese lugar es el original. —inclinó su cabeza y comenzó a reír— ¿Cuál es tu nombre? —me señalo aún sin verme.
— Julio Marcotvich… —respondí.
— Bien, Julio. —continuó— tu mundo y el mio están ligados, gracias al tuyo, el mio vive. Y gracias al mío, el tuyo evoluciona. Es un ciclo de intercambio mutuo. Ambas partes ganan.
— ¿Y por qué me explicas esto?
— ¿Ah? Cierto. —levanto la cabeza y me vio fijamente— hace cuanto que no te vez a un espejo.
— ¿Cuánto? Creo que que desde antes de llegar acá.
— Cuando ella vuelva, —hacia referencia a la diosa— le diré que te muestre tu reflejo.
Asentí
— En mi mundo, —él volvió a hablar— existen razas, como las que has visto en series de tu mundo, hay razas fuertes y otras débiles, unas dominantes y una esclavizadas, sin embargo, nosotros no pedimos tener este sistema, te explicare lo básico de este mundo.
— Si…
— Bueno, —abrió su mano derecha y ella se incendió— esto es magia, sin embargo esta tiene diferentes niveles.
— ¿Niveles?
— Si, hay magia que se hereda, otra que se aprende… Y otra que es tan rara que sólo unos pocos usuarios tienen acceso a ella.
— Si dices que nuestros mundos están conectados, ¿por qué en mi mundo no hay nada de eso? —trataba de encontrarle lógica a lo que sucedía, pero algo me decía aún faltaban mas cosas malas por decir.
— Gracias por preguntar. —respondió— Yo… He estado investigando tu mundo. —suspiro— La verdad, me interese con leyes inquebrantables, y cuando me di cuenta, empecé a buscar más y más información de la que debía.
— ¿Y que tengo que ver yo en esto? —puse mi mano en mi barbilla.
— ¿Sabes sobre la reencarnación?
— ¿Reencarnación?
— Si, la reencarnación, —me vio directo a la cara— Hay una frontera entre ambos mundos, esa frontera es la muerte, sin embargo para acceder a este espacio hay que cumplir con ciertos requisitos.
— ¿Requisitos?
— Imagina que durante toda tu vida fuiste alguien honesto, amable, alguien a quien admirar. —giro los ojos y lanzo una sonrisa— Ni tu ni yo somos o fuimos así en vida.
Acentí
— Sin embargo, a personas como nosotros, que nunca hicieron algo bien, se nos da una oportunidad única. No sabes cuando o como, pero eres puesto a prueba, el objetivo es lograr ver si tu corazón siente compasión al ver a alguien mas, si lo logras, ¡Pum! —abrio sus manos queriendo mostrar ademanes de impresión— Renaces o reencarnas.
— ¿Y la chica era mi prueba?
— No… —se levantó de golpe y lanzo una tétrica sonrisa que se veía de temer— La chica fu mi cuarteada.
— ¿A qué te refieres? —algo me decía que esta acabaría mal.
— Hay un fenómeno entre ambos mundos. —Comenzó a hablar como sin quisiera cambiar de tema— No es muy común, pero algunas veces en ambos mundos nacen personas peculiares, que están enlazadas, naces con las misma apariencia, mismo tono de voz, y para su trágica suerte, cuentan con una vida similar.
— Desde acá me encargo yo. —Una luz segadora ilumino por un breve momento toda la sala, cuando abrí los ojos me di cuenta que la diosa había vuelto— Ustedes están unidos. —dijo mientras sostenía una bolsa que parecía de cuero y una baraja de cartas.
— ¿Por qué siento que soy el más afectado? —sentía como si fuese a vomitar— Continúa hablando. —reclamé.
— Ustedes dos son similares en cada aspecto, incluso sus nombres son similares.
— ¿Huh? ¿Simi… Lares?
— Así es. —habló la diosa mientras empezaba a mover las cartas— Ustedes dos debían de morir el mismo día, pero alguien rompió las reglas y adelanto su muerte.
— ¡Bwhaa, ja, ja, ja, ja… —el chico comenzó a reír como loco— Veras julio, hace unos meses, quise romper las reglas, quise mover un poco la balanza de ambos mundos y ¡bang! Me descubrieron. Tenía poco tiempo para escapar, ¿pero adonde? ¿Algún rincón de esa tierra en expansión me recibiría? —me vió lanzo una sonrisa— Entonces decidí cambiar de lugar.
— ¿¡A qué diablos te refieres!? —exclamé con enojo.
— En estos momentos ninguno de los dos puede morir. O al menos yo no puedo. Sin embargo tu sí. —llevó su mano derecha a su nuca— En el mundo, bueno en «mi mundo» donde tú estas, eres un criminal, lastimosamente naciste pegado a mí. Ahora tu debes de pagar por mis pecados…
— ¿¡YO!? Eres un maldito —golpeé la mesa— Haste cargo de tus problemas, no me entrometas en nada de esto, yo… ¡Quiero regresar! —vi a la diosa, ella se altero y solo bajo la cabeza— Yo… ¿No ya he pasado por mucho? Ahora que por fin era libre, ¿vuelvo a estar prisionero? —sentí miedo y con ello venían unas cuantas lágrimas— Señorita diosa… ¿No me ayudara? —ella agacho la cabeza.
— Mi trabajo fue interrumpido —dijo la diosa mientras aun con la cabeza agachada veía las cartas— Yo… No puedo interferir o hacer algo, interrumpieron el acto de resurrección, interrumpieron tu ciclo de vida y por ser idéntico al culpable en todo aspecto… Tu y nadie más enfrentara los cargos.
— ¿¡Yo, por que diablos!? —grité mientras me sentía asustado, me sentía imponente.
— No te preocupes… —él tipo culpable de esto volvió a hablar— Tus cargo no son muchos.
— ¿Que hiciste? —pregunte mientras terminaba de asimilar todo.
— Solo se te busca por asesinar a mi padre, bueno mejor dicho tu padre… —dijo con una sonrisa.
— ¿Hah?
— Mi nombre… —llevó su mano a su pecho y sonrió — Mi nombre es Julius Marcotvich, buscado en todo el mundo y condenado por una maldición tipo E. Asesine al líder de una gran raza, maté a mi padre. Y ahora… —Me señaló y tapó su ojo derecho— ¡Tu pagaras los platos rotos. — Gracias por intentar salvar a aquella ilusión, ahora yo estaré en paz mientras tú…
Vives mil y un agonías en una tierra que desconoces…
Capitulo 2: el otro yo.
Fin.
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