Moonaris Vidre - 06
“1ro de Cambri, primer año de mí captura.
Es un nuevo año, un nuevo amanecer y un nuevo día que despierto en este castillo.
Este año se cumplirán 18 años del segundo levantamiento de monstruos. 5 años de la muerte de Adelina, 6 años de la muerte de mi madre y 1 año de la muerte de mi padre. Voy a cumplir 24 este año. ¡Yo debería estar celebrando mi matrimonio! ¡O recibiendo a mi primer hijo! ¡No con resaca, metido en un carruaje junto con un vampiro en dirección a quién sabe dónde!
Me cuesta un poco comprender qué sucedió ayer exactamente. Un hombre herido entró como Pedro por su casa al palacio de un vampiro, en plena celebración de año nuevo y en lugar de ser devorado, los monstruos le ofrecieron clemencia. Los sirvientes decían que incluso le dieron sepultura tal y como el anciano siempre soñó. Eso tiene el mismo sentido que una súcubo dándose un baño en agua bendita. Imposible; lo sé, pero mis ojos no me mintieron aquella noche y en mi memoria se quedó grabada la última palabra del hombre.
‘Thackery’. Es una palabra que le daría gusto pronunciar a una bruja. En parte tiene sentido, esa sola palabra puso a temblar a un buen puñado de los vampiros que habían en el castillo aquella noche. Y no solo eso, sino que el mismísimo ‘Masacre sin Rostro’ se dedicó a buscar venganza por el hombre por que… sí… supongo.
La verdad es que me cuesta comprender a esta cosa. En un momento está dando una fiesta, actuando como un noble educado y respetado; solo para echar a todo el mundo en un ataque de rabia momentos después. O que corriera a tratar de ayudar a un hombre herido en lugar de devorarlo. Que en lugar de mostrarse como el monstruo que era, optó por mostrar compasión. Todo lo que hace lo contrasta con una acción opuesta casi que de inmediato; lo que hace su carácter muy difícil de descifrar y por eso nunca sé bien cómo actuar en su presencia para evitar que esa cosa enfurezca y me mate.
Lo peor de todo es que por más que yo me rehuse a hacer algo, esta cosa me obliga a hacerlo de todas formas. Esta vez, al menos, no me hipnotizó para obligarme a hacer lo que quería. En esta ocasión lo estoy acompañando por mi propia voluntad ya que se han solicitado mis habilidades como cazador de monstruos. Inesperado, pero cierto.
Resulta que la piedad de los vampiros va más allá de lo esperado. Quizá sea porque al invocar “Thackery” el vampiro está obligado no solo a perdonar la vida de quien la invoca y velar por sus heridas, sino también a cumplirle algún capricho a quien la utiliza. Me atrevo a suponer que aquel moribundo hombre, con su último aliento, pidió que lo que sea que lo atacó sea destruido. Y la verdad si creo firmemente que el “Thackery” los obliga a cumplir con lo pedido sin importar que, puesto que este monstruo entró en un ataque de cólera cuando aquel hombre murió.
Creo que podría tratar de escabullirme para aprovechar la biblioteca de esta cosa y averiguar más. De todas formas, queriendo o no, la criatura y yo nos dirigimos al hogar del hombre para tratar de descubrir más. Vengo hoy no solo porque ejercer mi profesión me ayuda a calmarme, o por curiosidad, o porque me hayan pagado con una botella de su delicioso vino, vengo porque sé que en algún momento tendré la oportunidad de matar a este vampiro…”
Tap… tap…
La atención del humano fue repentinamente atraída por unos ligeros golpecitos al marco de la ventana. El vampiro -que hace unos instantes estaba apoyado contra la pared del carruaje, viendo por la ventana de su lado- ahora se inclinaba un poco hacia el humano. Vestía un traje sencillo pero elegante, de un morado muy oscuro, con sus guantes blancos que resaltan casi tanto como su falta de rostro. Como en otras ocasiones, la criatura trató de decir algo y como todas esas ocasiones anteriores, Dailen no entendió ni una palabra. Si uno se pusiera muy técnico al hablar, se podría decir que el vampiro es por el momento jefe del cazador, por lo que -y pese a su mejor juicio- el humano suspiró y cerró su diario para contestarle a su nuevo jefe.
“Escucha, no sé hablar en señas. No te entiendo” esas palabras parecieron confundir a la criatura, que bajó las manos y se dedicó a juguetear con la punta de sus guantes.
Pero todo problema tiene solución ¿No es así? Con un rápido movimiento el diario fue arrancado de las manos del humano y utilizado por la criatura. Con una pluma fuente que se sacó del bolsillo, pronto la frase “Lo lamento, no me di cuenta” se podía leer en una de las páginas de diario.
“Hasta la tinta de su pluma es morada. Maldito rico engreído… Pero su letra es bonita” pensó Dailen al leer la pequeña frase, pero rápidamente se aclaró la garganta y contestó, “Está bien no importa.”
“¿Cómo está tu resaca?” escribió la criatura.
“Ya se me está pasando” respondió Dailen con frialdad, lo último que quería era tener que conversar con un vampiro, pero quizá está oportunidad sea provechosa. Sin ningún cuidado ni interés preguntó, “¿Qué significa ‘Thackery’?”
La criatura se detuvo un momento como si hubiera sido tomado por sorpresa por la pregunta repentina. Jugueteaba con la pluma, sopesando la respuesta. Era como si no supiera qué responder o no estuviera seguro de querer hacerlo. Pero al fin y al cabo, terminó escribiendo, “No estoy seguro. Solo sé que es la palabra que le pertenece a una cosa inútil y sin valor.”
“Mm… Ya veo… ¿Por qué estamos aquí entonces? ¿No dijiste que ‘Thackery’ significa algo sin valor? ¿Por qué, si nada te obliga, buscas al asesino de ese hombre?” Preguntó Dailen, observando con curiosidad como la criatura escribía su respuesta.
“Thackery no significa nada. Pero hice una promesa.”
“Ja! No me hagas reír. Tú, de entre todos, quieres vengar la muerte de un humano ¿Porque lo prometiste? ¿No se supone que eres un monstruo?” Dijo el humano con un tono tan burlesco y sarcástico, que sería imposible ocultar el desdén en su voz. Imposible fue también para el vampiro esconder su sorpresa ante esas palabras.
Era como si no esperara que el humano de repente le dijera eso. Parecía un niño al que regañan sin motivo ni razón y el tono en la voz del humano hizo que la criatura se tensara visiblemente. Aún viéndose muy tenso la criatura respondió “No he dicho que no soy un monstruo.”
“Ni yo tampoco. Es más, te considero el asesino más despreciable que existe. Deberías morir por todo lo que has hecho. Pero si tenemos que trabajar juntos, al menos quiero entender que clase de mierda te pasa por la cabeza.”
Esas palabras parecieron enojar al vampiro. Pero la reacción fue rara, cuanto menos. Todo su cuerpo se volvió aún más rígido que antes y las manos le temblaban, si tu vieras a un animal tensarse y temblar solo podrías pensar en dos cosas: O está aterrado o está enfurecido. Cuando lidias con vampiros, siempre es más inteligente asumir lo segundo. Era como si, por un momento, la criatura quisiera responder, pero no lo hizo. Simplemente se volteó y se centró en ver por la ventana, ignorando la presencia de Dailen como para olvidar que estaba ahí para empezar. Definitivamente era como un niño al que acaban de regañar sin motivo.
Pero el cazador no entendía esa reacción en absoluto, ¿Acaso se había molestado? ¿Acaso estaba tan furioso como para temblar de esa manera? Siendo criaturas inestables, los monstruos tendían a atacar de forma aleatoria y repentina. Nunca puedes ponerte muy cómodo con uno cerca, pero tampoco deberías buscar enojarlos a propósito. Aparte, Dailen no pudo evitar sentir un tirón de culpabilidad en su corazón; por más que no le agradara el vampiro la verdad era que -aparte de mantenerlo encerrado en una sola habitación- la criatura lo había tratado muy bien en realidad, por lo que su arrebato fue injustificado.
“Hablé de más…” Murmuró su disculpa, casi arrancándosela de la garganta. Pero el vampiro no reconoció su presencia. Insultado, Dailen se aclaró la garganta. «¿Cómo te llamas?»
Aquello pareció funcionar, ya que el vampiro volvió a girarse hacia él. Dailen por fin pudo volver a respirar, mientras tuviera un poco de control se sentía seguro; no pudo evitar pensar ingenuamente «Bien, he recuperado su atención, al menos puedo conseguir que vuelva a hablar«. Poco sabía lo estúpido que era; o mejor dicho, ignoraba lo terriblemente estúpido que era. Si supiera leer la mente (o el lenguaje de signos al menos), Dailen podría haber descubierto que el vampiro no estaba enfadado antes, pero ahora sin duda lo estaba. ¿Cómo es que ese humano no sabía su nombre? Es más, este humano, más que nadie, debería saber el nombre del vampiro. Molesto y ofendido, el vampiro comenzó a hacer señas, transmitiendo su enojo a través de los rápidos movimientos de sus manos. Dailen no lo sabía pero, al no saber comunicarse con señas, se ahorró una perorata de 15 minutos sobre el tema: ‘¿Cómo demonios no sabes quién soy?’ del vampiro.
«¿Sabes qué?» Dailen interrumpió después de los primeros 5 minutos, «Olvídalo, no es como si me importara saberlo. No puedo entenderte de todos modos» agitando la mano con desdén y concentrándose en sus propios pensamientos, el humano ignoró al atónito y ofendido vampiro frente a él antes de volver a hablar, «Mmm… creo… que voy a llamarte ‘Ungar’. Te queda bien, ¿no crees?»
Ofendido por aquel insulto, el vampiro hinchó el pecho con desaprobación y Dailen soltó una risita, orgulloso de sí mismo. Al fin y al cabo, si iba a ser prisionero iba a hacerle la vida imposible a su carcelero. De una forma que, preferiblemente, le mantendría la cabeza pegada al cuerpo. Además, esta cosa era muy intrigante, uno no podía evitar intentar apretar sus botones sólo para descubrir hasta qué punto podía uno tentar a la suerte. Oh! Dailen seguramente estaría pinchando a Ungar con un palo si tuviera uno ahora mismo; sólo por el placer de hacerle viaje tan insufrible como lo era para Dailen.
“2do de Cambri, primer año de mí captura.
Aún no he escapado.
El monstruo sigue vivo.
He decidido no escapar; por el momento.
Y sé que ésta decisión es controversial, conozco las consecuencias. Sé que seré visto como un traidor y me lo merezco. Tan solo hace unos días seguía pensando que moriría en algún punto. Pero es que mi situación ahora ha cambiado, más de lo que podría haber anticipado jamás. Juro que todo este tiempo he pensado que se trataba de una broma, nunca se me ocurrió tomar en serio esta situación. Al principio me negué a creer que, de forma sincera, Ungar (como he decidido llamarle al vampiro) me haya contratado para acompañarle en la cacería de un monstruo y que en serio estuviera diciendo la verdad. En mi defensa la idea es ridícula, más absurda que cualquier cosa. Pero era la pura verdad.
Al atardecer del segundo día de viaje llegamos a un pueblito ganadero a unos cuantos días de la frontera. Naturalmente lo primero que intenté hacer fue salir corriendo, pero el cochero que en un principio me había llevado al castillo de Ungar me retuvo. Sólo por estar desarmado y en público no me arremetí contra él. Ese hombre peludo me sujetaba y gruñía a mi paso, como si yo fuera un estorbo para sus planes ¡Él era un estorbo para mí! En fin. Me gustaría destacar el interesante intercambio que el cochero y el vampiro tuvieron. Era así:
«Señor, ¿está despierto?», preguntó el cochero. En respuesta, la criatura golpeó el lateral del carruaje desde el interior: «Señor, el sol se ha ocultado casi por completo, la sombra del carruaje es lo suficientemente grande ahora, puede salir… ¿Señor?» El conductor sonaba casi como si estuviera sacando a un niño de su habitación en lugar de hablar con su temible jefe.
Y entonces, ocurrió lo más insólito cuando el vampiro salió del carruaje. La niebla negra que siempre le cubría el rostro se volvió de pronto algo firme, casi como un pañuelo que le cubriera la cara, y la bruma se desvaneció lentamente para revelar el rostro de un hombre. Al igual que su cuerpo, la cara era la de alguien de unos treinta años, nariz algo aguileña, gruesas cejas marrones y ojos color café.
Ahora, si no eres tan observador como yo, seguramente fuiste engañado. Pero yo, que estoy entrenado y soy observador, noté de inmediato el error. El cabello de la criatura es negro, no café como sus cejas aparentan; aparte, sus ojos son morados ¡Ya lo sé bien yo! Fui puesto en hipnosis vampírica por culpa de ellos, tengo el color exacto memorizado. Fue por estas razones que decidí hablar.
«¿Esa es tu verdadera cara?». Dije mientras me encontraba desconcertado encantado repleto de valentía.
Ungar se limitó a negar con la cabeza y movió una mano hacia su cara. Que, con el movimiento, se deformó; era como si pasara la mano a través del vapor del agua. El falso rostro incluso se cambió ligeramente, ahora era menos cachetón y de ojos morados. Un excelente método para engañar a tu presa y no ser visto dos veces en el mismo lugar.
Dejando eso de lado, luego de establecernos en una casona cercana fuimos a llamar a la puerta de una casa. Estaba cerca de la plaza de la ciudad y la parte trasera daba hacia el bosque. No era muy grande, pero tampoco diminuta puesto que se daba el lujo de tener dos pisos. Al llegar nos recibió una joven chica, no parecía ser mucho mayor que yo, quizá de unos veintitantos, de ojos y cabello marrón y piel blanca. Parecía también, que había estado llorando por horas.
“¿Quienes son?” preguntó la joven y el cochero -quien por cierto descubrí su nombre es Baxter- interpretó las señas que Ungar realizaba.
“¿Es usted Clarisse? Venimos por pedido de su padre. Soy un viejo conocido de su padre, éste aquí es mi empleado y el otro mi compañero” el vampiro pues, apuntó hacia Baxter y Dailen, sin dejar bien en claro quien era quien, “Lamento mucho su pérdida, ¿Podemos pasar?”
La joven no parecía muy contenta con la idea de dejarnos entrar. Hubo que decirle que veníamos en nombre de su padre varias veces y aún así no parecía muy convencida. Pero sin duda era una mujer valiente, puesto que apenas entrar ella trató de arrancarme la cabeza con un florero. Admiro la tenacidad pero, ¡Mujer! ¡Yo no soy el vampiro! ¡Aprende a escoger a tus enemigos!
“¡Soy huérfana por tu culpa! ¡Es tu culpa que mi padre muriera!” Gritaba Clarisse mientras me perseguía otro con florero en mano. Al menos Ungar intervino antes de que de verdad me alcanzara a golpear. Aunque en mi opinión romper el jarrón estaba de más, bastaba con solo atraparlo cuando me lo lanzaba.
“Mis disculpas señor Helsden. Lo confundí con alguien más” expresó la joven, una vez que todo se calmó un poco.
“No, no. No tiene porqué disculparse, he pasado peores” le respondí con una risa algo incómoda, “Si me lo permite, quisiera preguntarle, ¿Con quién me confundió exactamente?”
“¿Con quién? ¡Pues con la persona que lastimó a mi padre durante toda su vida!” respondió la joven con resentimiento y yo no pude evitar emocionarme, ¿Sería esto acaso una pista para averiguar qué sucedió con el hombre misterioso? Volteé a ver a Ungar para ver si ambos pensábamos lo mismo, sorpresivamente me tope con el vampiro tensandose bajo la mirada de la joven.
“Tu padre fue un gran amigo mío” dijo Baxter en nombre de Ungar, logrando solo exaltar a la chica.
“¿‘Amigo’? ¿¡Te atreves a solo llamarlo tu ‘amigo’ después de todo lo que pasó por tú culpa!?”
“Entre tu padre y yo nunca existió la clase de relación que tú crees que teníamos” respondió el vampiro en señas, aunque Baxter parecía algo incómodo de estar traduciendo esas palabras.
“Desalmado… ¡Eres un grandísimo imbécil! ¿¡Cómo te atreves!? ¡Mi padre te adoraba! ¡El murió por tú culpa maldito marica!” reclamó Clarisse furiosa y dolida
“Tu padre… ¡Mi señor!” Se escandalizó Baxter, mientras observaba las señas de Ungar, “Señor, esa es una cosa muy cruel para decir ¡La chica acaba de perder a su padre!” Nadie en la habitación sabía hablar en señas, por lo que Clarisse y yo solo asumimos que se trataba de algo muy malo como para que Baxter reaccionara así. Sin embargo sus réplicas cayeron en oídos sordos y por la expresión en el falso rostro de Ungar, no parecía que el cochero tuviera muchas opciones más que traducir lo siguiente.
“William estaba en una relación conmigo, yo nunca estuve en una relación con él. Lo que creas que hubo entre tu padre y yo, no son más que invenciones de un viejo desvariado y dolido. Le tuve gran estima en vida, pero no te atrevas a cometer el mismo error que él, nuestra relación nunca fue más allá de una simple amistad” Estoy muy seguro de que, fuera lo que fuere que Ungar dijo, Baxter definitivamente cambió las palabras por unas menos crueles.
“¡Mentiroso! ¡Eres una alimaña! ¡El entregó toda su vida por ti!” reclamó la chica.
“Ese es fue problema suyo, no mío.” interpretó Baxter, más incómodo de lo que uno podría esperar.
“¡Eres un maldito monstruo!”
“¿Enserio? No me digas. ¿Por qué no….?» Baxter se calló una vez más, pero esta vez se giró para verme a mí en lugar de a su amo; que seguía probablemente balbuceando insultos. «¡No voy a traducir eso!», gimoteó el cochero. «Tú, mariposa, ocúpate de esto.»
“¡Las Lechuzas del Exterminio no somos-!” Discutí, pero el cochero no me lo permitió.
«Sólo haz tu trabajo humano.» Ladró el cochero. No teniendo otra opción, accedí a regañadientes.
«Señorita, cálmese, por favor. Peleando no vamos a llegar a ninguna parte» Le dije.
«¿¡Que me calme!? ¡¿Cómo podría calmarme cuando el asesino de mi padre está en mi casa, burlándose de mí con su presencia!?»
» La comprendo, señorita, de verdad. Créame cuando le digo que si él hubiera hecho daño a algún humano en mi presencia no estaría aquí ahora. Él no mató a tu padre, yo estaba allí cuando murió. En todo caso estamos aquí para encontrar al verdadero asesino. Ése fue su último deseo», le contesté, tratando de calmar sus nervios, pero, de algún modo, se enfadó aún más.
«¿Su último deseo dices? ¡Es inconcebible, no creo en tus palabras! ¿Cómo es posible que no me haya tenido en cuenta, ni siquiera en su lecho de muerte?». Gritó furiosa la chica, poniéndose en pie y caminando hacia un cuadro que había en la pared, probablemente un cuadro familiar. «Sus últimas palabras… Fueron dirigidas a un desconocido en lugar de a su propia hija.»
«En realidad no…» Dije, estúpidamente, «Ungar fue con quien tu padre habló.»
«¡Hmmp! Por supuesto que sí…» suspiró con resentimiento, » Él siempre fue así, enamorado de todo lo que podía matarlo.»
«Señorita, comprendo su enojo; tiene motivos para estar enfadada con todo y con todos. Pero su padre fue atacado por algo terrible, mucho más cruel que cualquier criatura medianamente violenta. Soy miembro de la organización de las Lechuzas del Exterminio y ni siquiera yo he visto nunca nada parecido a las heridas en el cuerpo de tu padre» De alguna manera, mis palabras consiguieron apaciguarla lo suficiente como para que se girase un poco para mirarnos de nuevo, «Tu padre quería que destruyéramos esa cosa que le mató. Es algo que tenemos que hacer, y si no nos ayudas, su alma no conocerá la paz.»
«… Bien», concedió ella, «¿Qué necesitas saber?»
«Si no es mucho pedir, ¿Podrías contarme algo más sobre tu padre? «¿Qué ha hecho en estos últimos años?»
«Eso es… difícil de explicar, incluso para mí», me explicó sentándose en el sofá frente a mí, «Papá era el médico del pueblo, era muy bueno en realidad, consiguió curar al viejo jinete de su enfermedad terminal. Le dio a ese gruñón un poco más de tiempo con su hijo y su esposa. Pero nunca se conformó con ser el médico del pueblo. Siempre hablaba de una enfermedad muy concreta que quería curar, la llamaba «la enfermedad más atroz del mundo». Nunca lo entendí, pero estoy seguro de que estaba realizando una de sus muchas investigaciones cuando fue atacado.»
«¿Le importa si pregunto…» pregunté, inclinándome hacia delante, apoyando los codos en las rodillas, «… ¿Qué enfermedad intentaba curar?»
La respuesta me dejó boquiabierto. No estaba preparado para la seriedad de sus ojos cuando vio más allá de mí y clavó su mirada en la falsa cara de Ungar. Tanto Baxter como yo nos quedamos desconcertados al girarnos para ver a Ungar. Pareció tomarlo desprevenido incluso a él mismo. Lo que ella insinuaba no solo era una idea descabellada, sino también imposible.
«No se puede curar el vampirismo señorita» le dije una vez que encontré mi voz, encarándola de nuevo.
Debía de tener mi desconfianza en sus palabras escrita en la cara, porque se levantó bruscamente, subió a buscar algo y luego me tiró una caja llena de libros viejos, pergaminos y trozos de papel sueltos sobre las piernas. Ungar y yo empezamos a rebuscar en los documentos, él -por supuesto- estaba más centrado en los antiguos, pero todo tenía la misma base, material médico. Me avergüenza admitirlo, pero nunca dominé bien las clases de medicina durante mi formación, así que todos estos documentos eran un poco abrumadores.
«Todo está ahí» dijo Clarisse, aparentemente insultada por mi falta de confianza en sus palabras, «Documentos, libros, todo. Mi padre siempre pasaba horas en su estudio, dedicando todo su tiempo a leer y releer todas estas cosas. Toda su vida trabajó en esto. Él creía que podía curar el vampirismo como cualquier otro virus.»
«¿Con quién trabajaba William?» Preguntó Baxter en nombre de Ungar, que parecía que alguien le acababa de escupir en la cara.
«Nunca lo conocí personalmente. Mi padre nunca lo trajo a casa» dijo Clarisse con un suspiro, «Era un hombre científico, brillante, tan loco como mi padre… creo que se llamaba ¿Víctor? Sí… creo que era Víctor Stain.»
Intenté pedir más información, pero Ungar me detuvo. Se limitó a levantarse, dar las gracias a Clarisse y prepararse para marcharse. Como si no hubiéramos recibido la información más básica sobre una persona. Y por la reacción de Clarisse, pensaba lo mismo que yo.
«¡Espera! ¿Qué significa eso? ¿Crees que ese hombre mató a mi padre?». Preguntó la muchacha, deteniendo a Ungar por el brazo.
«No» interpretó Baxter, «Pero no estaría de más hacerle una visita. Además, usted está de luto. Si encontramos algo, se lo haremos saber»
Ni siquiera le dedicaron una segunda mirada cuando se marcharon, llevándose la caja con las cosas de su padre. Estuvieron a punto de llevarse también las fotos, dejándola sin nada para recordar a su padre. No pude soportarlo, así que les arrebaté unas cuantas fotos y se las devolví. No paraba de darme las gracias una y otra vez. Fue triste verla lagrimear cuando nos llevamos la caja, pero no pude hacer mucho por ella.
Me enfureció, así que, obviamente, fui a enfrentarme a aquel malnacido. Encontré al vampiro leyendo un desgastado diario con toda la tranquilidad del mundo, Baxter; por su parte, estaba desordenando la caja mientras buscaba algo. Estaba dispuesto a arrebatarle el libro de las manos a aquel monstruo, pero movió su cabeza sin rostro hacia mí en cuanto me acerqué.
«¿Qué fue eso? Pregunté, levantando la voz, «No puedes cortar así el interrogatorio de una víctima, ¡Hay procedimientos para esto!»
«No necesito nada más de ella. Su información es en su mayoría inútil«. escribió la criatura en un trozo de papel que entregó a Dailen sin mucho cuidado, quien se exasperó al leerla.
“¿Inutil? ¿Qué está mal contigo? Ella está sufriendo la muerte de su padre ¿Cómo puede ser que nos diga algo ‘inútil’?”
“Es inútil, porque a Victor Stain lo maté yo hace más de cien años”
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