Infernum in Corde - 06
Mientras que Hikaru tecleaba en su computadora, Taeji no dejaba de dar vueltas en la cama. Había una incomodidad en el ambiente, algo que hacía a sus instintos estar alerta, como si su propio cuerpo tratara de despertarlo. Su cola se movía despacio, agitada pero adormilada; revolviendo un humo rosa extraño que había a su alrededor. De repente se incorporó en la cama con un sobresalto, las escamas y la piel de su cuerpo se le pusieron como piel de gallina. Cuando por fin abrió sus ojos, había un brillo extraño en ellos, acompañados de un símbolo muy peculiar.
Se trataba de un pentagrama. En el centro había una Eguzkilore, la Flor del Sol, rodeada por un pentáculo, y en ése círculo exterior, estaban escritos los nombres de cada uno de los 7 Arcángeles Mayores. Un muy efectivo hechizo de protección que se desvanecía tras proteger a la persona sobre la que se había lanzado, haciéndole saber a su dueño que había cumplido con su función.
Taeji; en cuanto salió de su estupor, se puso furioso. Algún demonio súcubo se estaba metiendo con su humano, lo habían atacado. Habían tratado de eliminarlo y el demonio estaba molesto. Tanto que sentía la sangre hervir bajo su piel, tanto que ni siquiera notó el humo que le rodeaba. Lo único de lo que estaba consciente era que iba a destrozar al súcubo imbécil que intentó devorar a su humano. Sin pensarlo apartó las sábanas y extendió sus alas, levantando el humo aún más.
Estaba tan furioso que no podía prestar atención a nada a su alrededor, ni siquiera el que su ventana estaba repentinamente abierta. Pero al momento que abrió la puerta con intención de salir de su cuarto, todo su enojo se le fue al estómago en forma de un frío pánico, pues se topó de frente con Hikaru. Quién no solamente estaba donde no debería, sino que vestía de una forma extraña. El short que usaba era demasiado corto y esa camisa de tirantes más transparente de lo que el humano estaría cómodo usando. Casi parecía que estaba usando una pieza de lencería.
Sorprendido y atrapado con la guardia baja, Taeji ni siquiera se tomó la molestia de ocultar sus alas, cuernos o cola. Tampoco es que le importara mucho de todas formas. La máscara que por 19 años había mantenido intacta de repente había sido destrozada, no tenía idea de qué hacer ahora, ni por qué Hikaru tampoco estaba reaccionando. Cuando el albino alzó la mano, Taeji dió un paso hacia atrás y, por un momento, se persiguieron hasta que Taeji cayó sentado sobre la cama, cada evidencia de su naturaleza de demonio perfectamente a la vista. Esto tenía que ser una alucinación, quería aferrarse a esa idea por lo menos. Y si no era una alucinación, que por lo menos fuera un sueño, o mejor aún, que estuviera muerto. Pero cuando Hikaru se subió a su cama y lo tocó, la mente del demonio se puso en blanco al sentir la cálida mano de esa persona en su muslo.
“Harada… ¿Qué estás…? ¿En qué momento entraste?” murmuró el demonio con una falta de aire nada característica en él
“Estabas durmiendo, es que quería verte” le dijo Hikaru con un tono de voz extraño, casi hasta lo hacía parecer tonto. Pero igual, no es como si Taeji nunca hubiera visto a Hikaru drogado hasta las bolas y hablando como tonto, lo que solo logró preocuparlo.
“¿Por qué tan de repente? No me digas que ese idiota te echó otra vez” le preguntó el demonio con suavidad, sujetando la barbilla de Hikaru para tratar de ver si sus pupilas estaban distentidas por las drogas
“No, nada de eso. Solo quería verte, hablar contigo… Tocarte…”
En cuanto Hikaru movió la mano que tenía sobre el muslo de Taeji hacia arriba, el cabello rojo carmesí del demonio se erizó por completo. Del susto se forzó a alejarse hasta chocar contra la pared. Taeji tenía completo shock en su mirada, su pecho se contrajo en pánico sin comprender el por qué y su cerebro se convirtió en pudín. No queriendo hacer algo tonto, el demonio se forzó a hablar en automático
“Dime que no te viniste en pijama hasta aquí- ¡O-oye!
“Jajaja… Eres chistoso cuando te pones así Kojima… La verdad es que necesitaba verte, no podía esperar”
Una sonrisa coqueta fue toda la distracción necesaria para someter a Taeji sobre la cama. Quien no podía creer lo que sucedía, es que simplemente no tenía sentido. ¿Esto? ¿Tan de repente? ¿Tan de la nada? Su pecho se sentía apretado y su cola no dejaba de moverse alrededor como si de un gato ansioso se tratara. Hasta que de repente, la negra cola del demonio se envolvió en el cuello de Hikaru, estrangulándolo hasta que la sangre se acumuló alrededor de la escamada cola.
“Juro por Satán que te arrancaré el cuello. ¡Despiértame inmediatamente!” sisó furioso, mostrando sus filosos dientes y sus garras que no dejaban de crecer
“D-de… qué… hablas-… Tae…?” Balbuceó Hikaru, cuya ilusión lentamente se desvanecía debido a la falta de aire. Aquel masculino rostro se volvía cada vez más delicado, más redondo, aquella voz que rogaba por su vida se volvía ligeramente femenina.
“Hazlo ¡Ya!”
Los gritos surtieron efecto y la ilusión se desvaneció de golpe. En la vida real, el demonio dormía plácidamente en su cama. Sus alas lo envolvían como si fueran una cobija, sus cuernos se habían encogido para no estorbar y la punta de su cola se meneaba sobre sí con pereza, pese a la criatura que estaba siendo estrangulada con el negro apéndice. Al batallar para soltarse, la criatura levantaba el humo, que desapareció tras una ráfaga de viento que la criatura provocó con sus alas, en medio de la desesperación.
El dorado de los ojos de Taeji brillaron con furia en cuanto despertó. De inmediato revoleó a la criatura que tenía atrapada por el cuello, haciéndola golpearse contra el armario. Al incorporarse, Taeji solo pudo enfurecerse aún más al ver que se trataba de su propia hermana. Sin dudarlo él se lanzó contra la demonia, quién siseó, se revolcó y trató de enterrar sus garras para tratar de quitarse las manos de su hermano del cuello. Terminaron rodando por el suelo, con la cabeza de ella siendo azotada contra el suelo de vez en cuando.
Fue un escándalo tal que Eshima se despertó. La humana sólo soltó un ‘Oh’ antes de cerrar la puerta. Ya era normal ver a esos hermanos pelearse últimamente. Pero, lo que no era normal, era la sincera y verdadera intención asesina con la que Taeji intentó usar su cola para apuñalar a su hermana. Lo único que se le interpuso entre la cola y la frente de Kiwa, fue su madre. Al menos la que lo engendró.
“Un motivo… ¡Dame un puto motivo para no asesinarte ahora mismo!” exigió Taeji, antes de que Kumi lo alejara
“Ella es tu hermana y es razón suficiente” le corrigió Kumi con suavidad, pese a lo molesto que estaba su hijo.
“¡Solo era una broma, por amor a Satán! Eres un puto dramático” tosió la demonia mientras se sujetaba el cuello.
“Deberías estar agradecida de seguir con vida. Puta asquerosa” siseó Taeji, observando con desagrado a su hermana, haciéndole un gesto grosero con la mano.
“Hijo, ya basta. Solo venimos a saludarte” dijo la madre dándole unas palmaditas en el hombro a su hijo, antes de extender sus alas con orgullo. “Mira, a tu hermana le acaban de dar su título de súcubo soldado. ¡Y siendo tan joven además! No como otros que desaparecen para marchitarse sin cumplir con sus responsabilidades
“Mhhmm, que bien. Largo” dijo él con desgana, abriendo la ventana para que se largaran
“Pfft. No sabes aceptar una broma. Tu humanito no era tan quejica” se burló Kiwa, antes de que Kumi le diera un golpe en la nuca para que se callara.
“. . . ¿Qué, mierda, dijiste?” demandó Taeji.
“Nada. No es como si tú no pudieras hacerlo” se burló
“Kiwa, compórtate” la regañó Kumi
“¿Qué tiene? Viste cómo reaccionó con solo una broma, ¡Todo por culpa de ese humano débil y estúpido!”
“Kiwa, cállate ahora mismo” le reprendió Kumi, al sentir el repentino calor que emanaba de Taeji
“¡No! No quiero callarme. Él es el que debería ser reprendido! Usó magia angelical para proteger a su juguete. De no ser por eso, mi hermano hubiera regresado a la normalidad. Ese humano es de cuello débil, una caricia y se derrite como chocolate en el círculo de la ira” se quejó la demonia con altanería.
Pero no pudo seguir hablando mucho tiempo, pues Taeji la embistió, lanzándose con ella a través de la ventana. El sonido de cubos de basura siento tumbados llenaron el ambiente, seguido de algo similar al siseo de un par de gatos muy muy grandes. De entre la basura, Kiwa se arrastró para huir, pero al tratar de extender sus alas para salir volando, Taeji usó su cola para atraparlas. Tras azotar a su hermana contra el suelo, Taeji la arrastró hacia sí para golpearla.
Era normal que esos dos hermanos se pelearan. No era difícil encontrarlos discutiendo o haciendo comentarios agresivos. Las discusiones siempre fueron de lo más normal. Por más que pelearan, al final siempre quedaba en eso, palabras. Pero, lo que no era normal era la forma en que Taeji la golpeaba, no solo porque nunca le había puesto una mano encima, sino porque la golpeaba como si se tratara de un enemigo. Era un tipo de violencia que se podría encontrar entre bandas callejeras, cuando a un integrante de una banda rival lo matan a golpes con la intención de enviar un mensaje.
Claro que Kiwa se defendía, pero había algo extraño en su hermano. Sus ojos dorados parecían brillar y cada vez que hacía contacto con su piel, Kiwa sentía como si se quemara. Había una fuerza extra en cada golpe que Taeji propinaba, una intención asesina sincera, una bestialidad primordial. Por un momento, Kiwa logró tomar distancia, gruñendo como si quisiera intimidar a su hermano. Pero Taeji respondió como si de un animal se tratara. Manos y pies en el suelo, alas extendidas y un gruñido profundo pero ruidoso. Pero lo que hizo que Kiwa se detuviera un momento, fue el ligero brillo que comenzaba a aparecer en las alas de Taeji.
Cada demonio tenía marcas especiales en sus alas, como decir las huellas dactilares de los humanos. Algunas eran arbitrarias, aleatorias y sin forma, pero aquellos demonios de alto rango gozaban de patrones claros. Kumi gozaba de un claro patrón de cadenas, Kiwa tenía espirales, pero Taeji tenía plumas. Y no cualquier patrón de plumas, sino uno que imitaba las alas de los ángeles; era una verdadera lástima que el patrón fuera tan sutil que hasta parecía que no existía del todo. Por ese motivo, Kiwa se comenzó a preocupar. Por que el patrón en las alas de Taeji se empezaba a recalcar, cada pluma individual se iluminaba poco a poco, como si luz líquida rellenará cada patrón.
Mientras peleaban e intentaban arrancarse los ojos entre sí, Kumi bajó hasta ellos. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para separarlos e incluso cuando lo logró, Taeji seguía revolcándose para tratar de atacar a Kiwa. Hasta que por fin su madre lo derribó, lo que lo dejó sin aire, obligándolo a detenerse.
“Niños… ustedes no deben pelear de esta manera” dijo Kumi maternalmente, siendo distraída por Kiwa, quien se había soltado a llorar. Kiwa no podía permitir que Kumi notara las alas de Taeji.
“Olvídalo madre, este imbécil no lo vale. Lo hemos protegido por años y mira cómo se comporta, no vale la pena, vámonos”
“Me las vas a pagar… Te voy a arrancar los ojos ¡Malnacida!” gruñó Taeji, levantándose con piernas temblorosas
“Quisiera verte intentarlo. Yo misma te arrastraré de regreso a casa, ¡Incluso si tengo que acabar con ese humano yo misma!
Tras terminar sus gritos, Kiwa se quedó callada. No solo porque Kumi puso su mano sobre la boca de su hija, sino porque algo sucedía con Taeji. Como si se tratara de un líquido caliente, una extraña luz comenzó a llenar cada hendidura en las huellas de sus alas, cada hendidura en sus cuernos. En cuanto cada hendidura se llenó, la luz se convirtió en llamas flameantes, brillantes e increíblemente calientes. Un coruscatiō. Uno verdadero. Siendo activado justo frente a ellas.
En un principio, a los humanos se les concedió la vida eterna; sin embargo, tras el pecado original y cuando Caín mató a su hermano, los humanos empezaron a ser condenados al infierno para arrepentirse hasta que se les concediera el acceso al cielo. Los demonios, ofendidos por la falta de un castigo real, decidieron obligarlos a arrepentirse de verdad. Así pues, cuando los humanos llegan, son juzgados y enviados a una cámara de tortura diseñada específicamente para ellos, donde son específicamente torturados de acuerdo con sus propios pecados y acciones. Pero a Dios no le gustó esto.
Los demonios vivían permanentemente anestesiados emocionalmente, incapaces de sentir nada en absoluto. Pero desde que empezaron a torturar a los humanos, los demonios fueron castigados con experimentar el dolor y la tortura a los que son sometidos los humanos por toda la eternidad. Para unas criaturas acostumbradas a la anulación emocional, el dolor era al menos algo. A lo largo de los siglos, el infierno se convirtió en un hervidero de conflictos; incluso se fomentaba que los demonios lucharan entre sí como desahogo para toda la ira, el dolor y la desesperación. Pero los Coruscantēs son diferentes.
Sí, ellos también sienten dolor y desesperación, pero no se ven obligados a sentirlo. Pueden estar felices, emocionados, asustados. Sienten todo como los humanos, solo que mucho más intensamente, porque Dios pensó que eso les ayudaría a encontrar el camino de vuelta al cielo. Es gracias a estas emociones y sentimientos que los demonios pueden acceder al antiguo poder divino oculto en lo más profundo de su ser, el que solían ostentar. Eso es lo que es un coruscatiō. Una puerta que se abre, de modo que el poder divino fluye hacia el demonio, mezclándose con su propio poder demoníaco, multiplicando su fuerza, convirtiendo a los Coruscantēs en el recurso más poderoso de todo el Infierno. Siempre y cuando puedan controlarlo.
Porque esa es la cuestión. En una tierra donde todo el mundo es insensible o sufre un dolor perpetuo, es muy difícil que te enseñen a manejar esas emociones, ni encontrar a alguien que pueda enseñarte a manejar el poder abrumador que simplemente te supera. Muchos Coruscantēs mueren la primera vez que desbloquean la primera pizca de ese poder divino. Muchos han sido consumidos y aniquilados por aquello mismo que estaba destinado a salvarlos de la condenación.
Pero Kumi estaba allí, y era una coruscante. En un gesto aplacador, levantó ambas manos. Taeji estaba tan enfocado en Kiwa que ni siquiera le importaba que su madre se estuviera acercando. Sus pupilas estaban tan fijas que se convirtieron en un pequeño punto en medio de sus brillantes ojos dorados; sus alas encendidas por las llamas lucían hermosas y peligrosas a la vez, pero Kumi simplemente se acercó a él y le acarició el rostro. Obligándolo a mirarla, casi como si se hubiera sobresaltado por el contacto repentino.
“Ella no le hará daño a tu humano. Te ayudaré a protegerlo”, dijo Kumi con tono maternal.
“¿Lo prometes?”, respondió Taeji, con su voz enfadada transformándose en un pequeño y lastimero gemido de preocupación. Su respiración era entrecortada por el esfuerzo de no desmayarse ante el poder repentino y abrumador que recorría su cuerpo.
“Te lo prometo. Ella no le hará daño”.
Eso pareció bastar para calmar a Taeji. Dejó que su madre lo abrazara mientras las llamas se apagaban lentamente hasta desaparecer por completo. Kiwa se quedó allí de pie, incrédula. Porque su hermano era realmente un Coruscans, y eso significaba que nunca volvería al infierno si así lo deseaba, y después de su pequeña travesura, definitivamente nunca volvería ahora.
Fue porque se encontraba a unos pasos de distancia cuando percibió un movimiento entre los arbustos. Detrás del complejo de apartamentos donde vivía Taeji había un pequeño corredor biológico; no era el más frondoso de todos, pero tampoco estaba cuidado. Así que los arbustos y la hierba estaban bastante crecidos; y de entre esa espesura apareció una extraña criatura. Parecía un perro herido, con zonas sin pelaje, pero no era un perro. La criatura sangraba y desprendía vapor de su piel; donde no había pelaje, la piel estaba cubierta de escamas o carne viva, sus garras eran demasiado afiladas y su cola era anormalmente larga y estaba cubierta de púas.
Se suponía que era un sabueso del infierno, pero había algo terriblemente mal en él. Como si hubiera sido creado e invocado de forma errónea. Cuando saltó hacia la madre y el hijo, Kiwa gritó y Kumi reaccionó. Esa criatura era demasiado pequeña y débil; murió de un solo golpe, y no debería haber estado allí en absoluto. Las criaturas de guerra como los perros del infierno debían permanecer en el plano astral, lejos de la percepción humana. Porque aquellos que se convirtieran en una molestia para los humanos, ya fueran ángeles o demonios, daba igual, serían castigados y borrados por el propio Dios. Permitir que un perro del infierno vagara libremente por el mundo material no solo era imprudente, sino peligroso para todos.
Aunque Taeji no prestaba demasiada atención al asunto tan importante y preocupante que tenían entre manos. Estaba increíblemente cansado y agotado, así que volvió a la cama, dejando los problemas del infierno en manos de los demonios. Curiosamente, no conseguía conciliar el sueño, porque en la red de la universidad la gente empezaba a burlarse de unas fotos especialmente desagradables de una chica en concreto, ignorando por completo la información filtrada sobre la complicada vida familiar de Hikaru. Mañana, Taeji se aseguraría de que esas fotos no pudieran relacionarse con Hikaru, pero al menos su humano estaba defendiéndose. De la forma equivocada, pero al menos lo estaba haciendo.
Al día siguiente, tanto el pelirrojo como el albino se encontraron en la universidad, solo para disfrutar del caos que surgió tras su pequeña travesura. Misami era una joven que se creía periodista, desde el colegio tenía la manía de meter la nariz en los asuntos de los demás. Cuando conseguía algún chisme jugoso, lo usaba para manipular a la gente a su alrededor. Seguramente hubiera llegado lejos en la vida, gente como ella siempre logra conseguir lo que quiere. Su único error fue meterse con Hikaru.
Naturalmente, en cuanto Hikaru se vio involucrado, Taeji decidió hacer algo al respecto. Por lo que, el grupo de amigos se metió a la casa de la joven y borraron todo lo que encontraron, incluso copias de seguridad. La pobre computadora terminó reseteada de fábrica, todo se perdió, y solo para darse a sí mismos un colchón de seguridad, también robaron todas las cosas vergonzosas sobre ella que pudieran encontrar. Como era de esperarse, en cuanto Misami se dió cuenta de lo sucedido, trató de airear los trapos sucios de Hikaru. La verdad, no era nada grave, la gente se divorcia mucho en estos días, pero para un artista con un contrato en la línea, drama familiar no era nada bueno. En cuanto Hikaru liberó todo lo que tenía acerca de Misami, todos saltaron sobre la oportunidad. Claro, Taeji tuvo que hacer algo de trabajo extra para asegurarse que Hikaru no se viera afectado, pero hoy era día de celebración en la tierra.
Era una lástima que las tensiones en el infierno se encontraran creciendo como si de agua hirviendo se tratara.
Dentro de las cavernosas profundidades del infierno, en el centro del último círculo, en el agujero más profundo de todos, hay un palacio. Pero no se trataba de un magnífico y lujoso lugar como uno esperaría de una historia de fantasía. El castillo podría describirse como un alto cuadrado de piedra, con algunas torres a los lados y muy pocas ventanas. Era más como una fortaleza, originalmente diseñada para actuar como una prisión, que con el paso de los años se convirtió en un hogar.
En el interior de ese castillo, en una cámara de discusión, cinco figuras se encuentran sentadas en una mesa semi-circular. Había un silencio tenso en la habitación. Todos se observaban entre sí, como si el otro hubiera sido responsable de un desastre. En cuanto el sonido de las pesadas puertas de la cámara se abrieron, todos relajaron el gesto y arreglaron su postura, sólo para decepcionarse en cuanto vieron a la figura que era empujada al interior con su silla de ruedas. Se trataba de un gran caparazón de caracol, con piernas de asno que colgaban por la abertura, como si su dueño no se hubiera molestado en terminar de entrar al caparazón.
Tras llegar a su asiento designado, con un quejido ronco, las patas de asno se deslizaron fuera del caparazón. Contorsionando sus extremidades de maneras anómalas, la criatura salió de su caparazón. Era una criatura babosa, con un torso ligeramente humano, con una parte superior babosa y cuasi líquida, como la cabeza de un caracol. El caparazón en su espalda lo hacía tener que contorsionarse de forma antinatural e incómoda. Si la criatura quisiera, podría deshacerse del caparazón para sentarse más cómodamente; pues su caparazón no eran más que sus alas envueltas y endurecidas en esa posición tras el paso del tiempo. Pero aquel ser era demasiado perezoso para eso.
“Llegas tarde Belphegor” le reclamó la criatura a su lado, ligeramente menos deformada
“Llegué, eso es lo que importa” replicó Belphegor con un bostezo, “Al menos yo estoy despierto.
Ofendida, la criatura cubrió la tapa de la pecera que tenía frente a ella. Como si la diminuta serpiente acuática en el interior se pudiera llegar a ofender. Dentro de la circular pecera, se encontraba el poderoso y temido Leviatán, enroscado y dormitando tal cual y Dios lo dejó. Las vibrantes y verdosas escamas del Leviatán se encontraban apagadas y cubiertas de musgo, llevaba tanto tiempo durmiendo que incluso la arena de su pecera lo había cubierto, haciéndolo parecer una triste pila de rocas. La única prueba de vida de la criatura, eran las pequeñas burbujas que salían de sus fosas nasales cada tanto.
A cargo de cuidar al durmiente Leviatán estaba un grupo especial de demonios. Descendientes muy lejanos de Caín, el primer asesino motivado por la envidia. Estos demonios eran una extraña mezcla entre perros y criaturas del fondo marino. Según ellos, el pelaje les aislaba de las frías aguas del inundado círculo de la envidia, pero todos en el infierno sabían que preferían mantener sus rasgos caninos para poder alardear de la pureza de su raza y su cercanía con el primer asesino de hombres del mundo.
Pese a sentirse ofendida, Keriak, encargada actual de Leviatán, sabía mejor que discutir con un príncipe de los infiernos por encima de su propia estación. El que sí intervino, fue Beelzebub, dejando salir un sonoro y retumbante eructo. De la sala, Beelzebub era la única que tenía comida en el plato. No solo eso, sino que, en cuanto probaba algo que no llegaba a su estándar, la mujer tiraba el plato al piso sin importarle si todavía tenía comida o no; y de inmediato pedía un plato de reemplazo aunque estuviera llena. Tras su estruendoso eructo, Beelzebub se recostó en su silla, subiendo los pies a la mesa; sus cuernos -que más bien parecían antenas- se menearon un poco con el movimiento. Sus manos no eran manos, eran más como patas de gallina, con garras filosas que utilizaba para sacarse trozos de carne de entre los dientes, solo para comérselos de regreso. Su cuerpo estaba cubierto de grueso pelo de mosca, lleno de restos de comida, algunos incluso ya podridos que atraían a un puñado de moscas que siempre estaban revoloteando a su alrededor. Beelzebub también tenía ojos de mosca, literalmente, lástima que esos poderosos ojos solo fueran utilizados para buscar comida.
Una de las moscas de Beelzebub revoloteó hacia el otro de la habitación, posándose sobre la punta de la cola de un león. Cola que rápidamente se prendió en llamas, matando a la pequeña mosca. Una mano con garras afiladas tomó la cola y con ella, la mujer dueña de la cola se encargó de calentar las negras cadenas de su brazo hasta que estuvieran al rojo vivo. Como si se deleitara con el dolor del fuego contra su piel, Amon dejó salir un suspiro. Todo el cuerpo de la mujer se encontraba cubierta por pesadas cadenas que hacían parecer como si tuviera rayas de tigre. Incluso sus cuernos de búfalo cafre que parecían un mal peinado tenían pequeñas cadenas al rojo vivo. Sin embargo, quemarse a sí misma con las cadenas pronto dejó de ser plausible para liberar el enojo y frustración burbujeando en el interior Amon, quien pronto golpeó la mesa con su puño.
“¡Esto es una mierda!” reclamó el príncipe de la ira, las llamas de su cola intensificando su ardor por unos segundos, “Llaman a una reunión urgente y ni siquiera se dignan a aparecer”
“Tranquilo Amon. Todo a su tiempo” le dijo una criatura que no se sabía bien si era masculina o femenina, mientras le acariciaba el cabello.
Gruñendo, el Amon apartó aquella mano, obteniendo una coqueta risita del dueño de aquella mano. Se trataba de una criatura un tanto extraña, su piel estaba cubierta por un pelaje corto, similar al de un jerbo de Shawi, pelaje blanco en el área del estómago y un pelaje color crema en el resto del cuerpo. Esa criatura era extraña, pues sus rasgos seguían cambiando y transformándose; a veces parecía masculina, a veces femenina. Lo que se mantenía siempre era el cómo sus oscuras pupilas se mantenían dilatadas como si se encontrara sintiendo placer de forma permanente. Con un gemido, la criatura lanzó la cabeza hacia atrás, sus colmillos de jabalí resaltaron casi tanto como la forma en la que dejaba que su lengua colgara y babeara su propio pelaje. Casi como si quisiera llamar la atención, Asmodeo subió una pierna sobre la mesa. Su pata de conejo tenía ligeros espasmos gracias al sirviente que le hacía un oral bajo la mesa.
“Eres una verdadera vergüenza” le regañó la criatura a su lado
“Oh~ No seas amargado cieguito” gimoteó Asmodeo con una risa, dándole unas palmaditas al sirviente entre sus piernas, “Si quieres te lo presto cuando termine con él”
“No quiero tus migajas” le respondió Mammon sin siquiera voltearse.
Con manos silenciosas, la criatura usaba sus seis garras para arrancar y esconder entre sus ropas pequeños pedazos del oro del que estaba hecho su asiento. Pese a que intentaba evitarlo, sus orejas de lobo continuamente se volteaban hacia los sonidos que Asmodeo y su sirviente hacían a su lado; lo que no hacía más que irritarlo y al irritarse, su saco gular se inflaba. Su fría y suave piel, recubierta de bellas gemas, brillaba con suavidad, mientras su cola de dragón se movía de un lado a otro, observando la habitación. Sí, observando. Pues cada escama era un ojo individual, y en la punta, un enorme globo ocular cubierto solo por fino y largo pelo de dragón. Todos nacidos desde la necesidad, dado que los ojos de su rostro se encontraban completa y totalmente ciegos, producto de observar a la divinidad del Creador cuando fueron expulsados hacia el infierno. Bajo sus ciegos ojos, había un cuerno de rinoceronte decorado de manera exagerada, pero hermosa al final. Sin embargo, aquel cuerno se abrió en múltiples pequeños tentáculos, casi como si se tratara de un topo nariz de estrella.
“Están aquí” Fue lo único que dijo antes de ponerse de pie, siendo seguido por los demás.
Poco después, las pesadas puertas de la cámara se abrieron. Con paso seguro pero pausado, entró una pareja. La mujer era hermosa, pero hermosa de una forma extraña; como si al verla, se pareciera a todas y cada una de las mujeres del mundo de una u otra forma. Sus cabellos eran grises y de su cabeza salían unos cuernos largos y lisos que aparentaban ser una bella corona negra. Ella era indudablemente humana, se veía joven pero vieja a la vez, gentil pero rencorosa en el interior.
Junto a ella había una criatura, a la cual ella ayudaba a avanzar. Se trataba de una figura masculina, que de la cintura para abajo no tenía piernas, sino se trataba del cuerpo de una serpiente de unos imponentes 30 metros. Su cuerpo estaba recubierto de escamas coloridas, pero en su mayoría verdosas; excepto por su rostro y pecho, las cuales eran tan blancas como el marfil. Su cabello era negro, liso y largo hasta la cintura, cubriendo sus ojos ligeramente. Arrastraba en el suelo sus inmensas alas negras como si de una capa se tratara. Cuando llegó al centro de la cámara, levantó ligeramente la mirada, provocando que todos y cada uno de los presentes se tensaran.
“Mis príncipes” les saludó la serpiente con una voz tan profunda y suave como resbalosa
Sin decir más, la criatura se deslizó hacia la mesa. Desde Belphegor hasta Mammon, su cuerpo no hacía ni un sonido mientras los saludaba uno por uno. Incómodos, algunos bajaban la cabeza, otros solo temblaban en el lugar. Por algún motivo, se detuvo frente a Mammon. Tanto su presencia como su postura parecían dominar la habitación entera, pese a su lastimera apariencia.
“Nuestro paraíso corre peligro” dijo la serpiente apoyando la mano justo frente a Mammon, para así sostener su propio peso. Casi como si algo le pesara en la espalda.
“Maestro, ¿Qué sucede?” Intervino Asmodeo con preocupación
“No nos diga que el cordero ha vuelto. Es demasiado pronto, ¡Esos bastardos están haciendo trampa!” espetó Amon golpeando la mesa con el puño, chamuscando la madera ligeramente.
“El cordero sigue en los cielos” intervino la mujer, sus tacones puntuando cada paso mientras repartía imágenes que solo lograban incomodar a cada príncipe presente, “Pero esto podría hacerlo volver”
Atónitos, cada príncipe observaba las imágenes entre atónitos y ofendidos. Cada imagen trataba de un humano, muerto y claramente atacado por manos demoníacas. Criaturas de guerra infernal que no estaban del todo bien. Armas que parecían imposibles e innecesariamente complicadas.Todas y cada una se asemejaban a los horrores creados por y para la primera revuelta, la guerra entre los cielos y los infiernos, pero había algo mal con todas esas armas y criaturas. Como si alguien que nunca las hubiera visto antes tratara de recrearlas a base de rumores y relatos.
“Están atacando humanos” replicó la serpiente en cuanto el shock de los demás se dispersó, “Si los cielos ven esto como una provocación, una nueva guerra santa caerá sobre nosotros.”
“Es una locura, hemos estado en paz por eones. ¿Quién estaría tan loco como para alborotar el panal a estas alturas?” preguntó Beelzebub, mientras seguía mascullando el hueso que tenía entre los dientes
“¿Paz? Todos los días hay batallas entre ángeles y demonios, millones de los nuestros son asesinados cada día. No seas ingenuo, no hay paz en ningún rincón de la creación.” intervino Mammon mientras su cola observaba las fotografías
“Qué interesante…”
Repentinamente y sin aviso, Lucifer levantó la mirada. Aquellos oscuros ojos estrellados se posaron en el príncipe de la avaricia y una pesades insoportable recayó sobre todos los demás. La cola de Mammon terminó atrapada debajo de la mano escamada de la serpiente. Las negras alas del rey de los infiernos se abrieron lentamente. Siete pares de alas de plumas negras de pavo real se imponían por sobre el demonio ciego. Una filosa cuchilla se cernía de forma precaria en el único ojo en la cola del demonio.
“Eso mismo dijo la basura insurgente que encontramos en tu territorio Mammon” siseó Lucifer sin siquiera pestañear. Fue entonces cuando Lilith intervino.
“Lo que ven en estas imágenes son rastros dejado por un grupo rebelde. Aparentemente están infiltrados en casi todos los círculos”
“¿¡Y a quién le importan unos rebeldes!? Como si nunca hubiera sucedido antes” reclamó Amon con parte de su melena prendiendo fuego.
“Importa porque los malditos ya controlan la mitad del círculo de la pereza” Replicó Lucifer sin quitarle los ojos de encima a Mammon. Belphegor, por su parte, parecía que acababa de recibir noticias nuevas.
“Maestro… ¿Cómo puede ser que algo como eso suceda? Incluso si tuvieran trillones de soldados entre sus tropas, los ángeles caídos nunca permitirían que algo así sucediera. Ellos están para protegernos” Keirak, la encargada de Leviatan, intervino tímidamente
“Porque tienen un ángel caído que no perdió sus alas” ante esas palabras, un pesado silencio cayó sobre todos los presentes. Solo entonces Lucifer se dignó a dejar ir a Mammon. Lentamente regresando a su lastimera postura, el rey de los infiernos dejó que Lilith lo ayudara a mantenerse en pie. “Todos los coruscantēs deben presentarse al palacio. Todos y cada uno de ellos peleará en nombre de los infiernos, darán su vida si es necesario para proteger nuestro paraíso”
En ese momento, caos se levantó. Gritos y reclamos iban y venían mientras la serpiente se mantenía en silencio. Fue un sonoro ronquido del Leviatan lo que trajo de regreso la calma a la habitación.
“Leviatan tiene razón, ningún coruscantēs aceptaría tal cosa. Maestro, tiene que haber otra solución” intervino Belphegor con nerviosismo.
“No… Esta es la solución” espetó Lucifer con firmeza, “Necesitamos a todos los coruscantēs que haya y los necesitamos al frente. Si estos rebeldes siguen atacando humanos, si siguen creando estas armas, los cielos lo verán como una provocación. Lloverá fuego divino sobre todos y cada uno de nosotros antes de que siquiera podamos procesar lo que sucede, el margen de acción que ese bastardo nos permite es ínfimo, no podemos arriesgarnos.”
>> “Me reuniré con Michelle para ganar algo de tiempo, pero no se equivoquen, no estamos listos para enfrentar una nueva guerra santa”
Oír esas palabras viniendo de Lucifer mismo, trajo un frió al interior de lo más profundo de cada príncipe presente. La próxima guerra santa sería la última. Estaba profetizado que el infierno perdería, pero había una esperanza mínima, casi que efímera. Por eones el infierno se ha estado preparando para esta guerra final, pero si esta fuera a adelantarse, no tendrían oportunidad.
La existencia del infierno dependía de evitar una guerra santa.
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